El niño presente y real


Ediciones Kliné/Ediciones Oscar Masotta. Bs. As., 2022. Autoras: Clelia Conde Patricia Mora

noviembre, 2022


Presentación de El niños presente y real, de Clelia Conde y Patricia Mora

FLORENCIA ARIAS:

Durante la confección del presente comentario, me vi en la necesidad de pensar   objetos, significantes, imágenes, que dieran cuenta de lo artesanal y trabajoso de esta obra ¿Será que la temática me puso lúdica? No, creo que tiene que ver con uno de sus ejes principales: la simbolización.

Algunas palabras: rompecabezas incompleto, herramienta, corte y confección, mapa de ruta, joyita. Releo el párrafo y no me termina de gustar, me falta la palabra. Lo irreductible de la simbolización.

Como refiere la nota de apertura. Es un material que tiene la marca de esta escuela de psicoanálisis. Si te metes, te hace, te pone a trabajar, te lleva a tocar los libros, y que los libros te toquen.

No quiero desalentarlos, pero hay que tomarse un tiempo para leerlo. Ese tiempo provoca cierta familiaridad con la posición del analista respecto a la espera. Y eso, alienta.

El hecho de haber participado de partes del seminario (desde donde partió el presente libro) tuvo sus cosas favorables, y también su dificultad. Fundamentalmente en lo que a distancia refiere. Es un seminario que aprecio. Lo considero una herramienta de trabajo para pensar en analizantes, armar trabajos, supervisiones. Pero claro, hasta acá, tenía   apuntes, recuerdos, clases sueltas. El libro acabado, así como lo vemos, es producto, fruto, resto. En sí, ya provoca una distancia con ese otro momento del seminario, y por qué no decirlo: pre – pandémico.

Este “zigzag de experiencia”, hizo sentir el sello propio de las distintas entradas al discurso psicoanálisis: ¿Estuve ahí? ¿Dónde estaba cuando leí / escuché esto? ¡Ah, va por acá! Y cuando crees que lo agarraste: ¡pum! No está. Frustración. La falta en acción. Con ganas de que algo haya entrado al inconsciente, para seguir en tierra fértil.

Es que hacer una lectura se apoya en la falta propia del hablar. Requiere una distancia. De todo esto, también habla el libro.

Como decía, la simbolización atraviesa varios capítulos. Allí me quiero detener. El encauce entre significante y pulsión, su enganche. El libro tiene distintas entradas sobre el tema.

Es un material que te dediques a niños o no, apunta al corazón de la práctica: el cuerpo hecho de palabras que afectan.¿Acaso lo reprimido inconsciente, no está hecho con aquella satisfacción sexual infantil?

Cabe diferenciar infantil de niñez.

Esta mirada rompe de cuajo con un abordaje evolutivo.

Haré una lectura en base a lo que Lacan en las “Dos notas al niño” refiere acerca del “síntoma del niño como respuesta a lo sintomático de la estructura familiar”.

Cito del libro que comento “Eso que no anda, está relacionado con el deseo de los padres respecto del cual se constituye el deseo del niño. Va a haber algo del lugar de la falta que el deseo es, que no va a poder transmitirse, es decir, que no entra en la simbolización. El síntoma del niño va a representar aquello que no pasa por la significación”.

Las autoras abordan la simbolización en el niño acorde a su particular momento de constitución subjetiva. En mi lectura lo desarrollan desde dos niveles que dinámicante se entrecruzan. Uno, inherente a las operaciones constitutivas fundantes del sujeto, que hacen a la antesala del fantasma. Otro, a partir de los procesos de simbolización que se ponen en juego (cuando se puede) en el análisis con niños.

Digo “en mi lectura”, porque como digno sello de la enseñanza lacaniana, no encontrarán en esta obra, por ejemplo, “qué significa simbolizar”. Sí, pistas para que cada lector en su labor construya lo propio.

Menciono algunas de las operaciones de simbolización que tratan: entrada del sujeto al lenguaje, estadio del espejo, fort da, dialéctica del don, 3 tiempos del Complejo de Edipo, metáfora del sujeto. Cada una desde un desarrollo conceptual articulado a situaciones clínicas. Por ejemplo, en determinado momento dicen “en psicoanálisis todo va a producirse por sustracción”, y en otras partes, especifican en cada operación constitutiva del sujeto, el punto de sustracción como soporte de cada operación.

El segundo nivel inherente al proceso de simbolización, apunta a la práctica misma del análisis con niños. Señalan que cuando el analista esté ubicado en la transferencia, tendrá el guiño para interpretar. Hecho que tal vez, posibilite una distancia del niño con respecto a lo que “no anda” del deseo de los padres. Que esa satisfacción pulsional “se vaya vaciando” conmueve la identificación del niño al falo imaginario que la madre desea. Pasaje que implica un corte, un aire, permitiendo que el niño, en palabras de las autoras “pueda estar con lo de él”.

Desarrollan un eje orientador respecto al trabajo con los padres. Aclaran que es desde las entrevistas a padres, donde se va construyendo las “coordenadas de la situación de deseo con el niño”. Es decir, cómo el niño queda ubicado en ese entrecruzamiento del deseo de la madre y del deseo del padre, que al hacer a la estructura misma del síntoma, opera como referencia, para lo que luego se va a desarrollar en el análisis del niño.

Hay una solidaridad del síntoma del niño “con lo que lo que no anda” del deseo de los padres. En este punto, destaco el reparo que hacen, en prestar atención durante las entrevistas con los padres, a que algo de su discurso sobre el niño que aparece como opuesto entre ambos, descansa en un activo acuerdo inconsciente.

Dicho reparo envuelve uno de los pilares de la posición del analista: la abstinencia.  Herramienta fundamental para no caer en una escucha moralizante, sobre por ejemplo, quién tiene razón. El analista en su función no está para eso.

Abordan el grafo del deseo desde el trabajo con niños relacionado con un tema muy clínico: las intervenciones. Diferencian la interpretación en adultos y en niños.

Un adelanto, que conviene leerlo con la textura de los recortes clínicos.

Debido a la dependencia que el niño tiene con sus Otros primordiales, el análisis con niños acontece en el primer piso del grafo. En otras palabras, no estamos en el piso de arriba correspondiente al nivel de la enunciación, del sujeto dividido. No buscamos el efecto sujeto, sino que por el momento de la estructuración del niño, cito “estamos construyendo la posibilidad de sujeto”, en tanto el yo está en construcción.

Es interesante la relación que hacen entre significante y transferencia. La transferencia es transferencia de significantes, donde el analista vía la interpretación, señalamientos, el subrayado de alguna palabra, propicia cierta movilidad, un ordenamiento distinto de los significantes del niño.

Esos desplazamientos propios de la metonimia (que distinguen de la metáfora, a la cual por el estatuto del inconsciente del niño, aún no arriba), suceden en el juego del niño en transferencia, a partir de que surja alguna “cuestión discordancial”, entre el ideal del yo al que responden, y algo que entre en contradicción, como ser su satisfacción pulsional. Allí precisan algo orientador: “en esa discordancia es donde aparece el deseo del analista”.  

Es importante que el libro orienta, no da indicaciones.

Finalizo destacando su valor clínico, que lejos de hacer una traducción, hilvana con los pliegues necesarios, permitiendo al lector tomar dimensión de la complejidad que atañe al advenimiento del sujeto, “desde el vamos” y cada vez.

Ese detenerse, ese no precipitarse, ese ir aclarando, ese tiempo que se toman las autoras para dar cuenta de los momentos lógicos del juego del niño en análisis, es afín a su transmisión: “trabajar con lo que hay”. Con los significantes que el analista escucha del niño y los que se desprenden de las entrevistas a padres; que el analista tendrá en reserva y pondrá a trabajar, acorde al momento del análisis del niño. Eso, hace también a la contingencia.La contingencia atendidapermite recibir las palabras de otra forma.

La clínica y los conceptos quedan anudados en una temporalidad retro-activa, haciendo lugar a la práctica de discurso.

Son esos detalles de escritura, que posibilitan ritmo, para que el lector entre y salga del trabajo de lectura, haciéndose partícipe. Un modo, pienso ahora, de practicar la alternancia del fort da.

Las autoras con vehemente precisión lógica, y la cadente chispa “que va al punto”, arrojan una obra con mayúscula (y minúscula).

A ellas, les agradezco especialmente por esta joyita.

ALICIA HARTMANN:

Este libro lo podría definir como testimonio de una experiencia en el discurso del psicoanálisis y no es poco decirlo así, creo. La experiencia tiene una textura singular, un tejido, haciendo diferencia en la que se transmite de ella con otros textos en otras corrientes del psicoanálisis y que han llevado tal vez más que en otras experiencias en torno al análisis a divisorias de aguas muy turbulentas.

Lacan habla del drama de la comunicación entre analistas, aclaremos que drama no es tragedia ni comedia, sino una combinatoria de ambas, en la puesta de la escena que es propia de atender chicos.  Este drama que estalla en la transferencia está- como es de estructura- siempre en los límites del malentendido. Malentendido que AL LEERLO, soportando diferencias, es siempre bienvenido.

Tanto Clelia Conde como Patricia Mora ponen en acto lo que estoy diciendo y dan cada una, porque se leen en su singularidad, donde cada una tiene su propio estilo de transmisión. Sabemos que la práctica está perdida, sólo queda el resto del cual se puede hacer un escrito, y ese estilo que como bien dice Lacan es el objeto, da cuenta de su causa en relación al deseo del analista que sostienen en cada articulación técnica y  en el relato de cada caso.

Nos dan el testimonio de una enseñanza transmisible sin hacer ninguna apología de saber ni se pertrechan en la verdad que algunos esgrimieron sobre la práctica con niños sin dejar preguntas abiertas sobre los muchos obstáculos que transitamos al atender chicos. Ellas los dejan “en souffrance”.

Usé la palabra testimonio, patrimonio de la experiencia del pase, tan serio e importante porque cada una da cuenta de las muchas entradas por las cuales esta práctica se re(a)liza en el mismo presente y real.

En “El niño presente y real” hay dos cuestiones a destacar: la importancia de la presencia real cuestión que Lacan trabaja en el Seminario La Transferencia y se articula con la presencia real de los padres en el tratamiento del niño. Y el niño presente lo refiero también al tiempo del análisis que tiene alternancias: entradas, salidas, vueltas, volver a entrar y varía en relación a la época que nos toca vivir.

Puedo afirmar es que el caso por caso se enriquece con las diferencias que se van situando con claridad y se advierten las operaciones en la cura de cada analizante.

Parece atrevido decir “analizante” si se trata de niños, pero ambas analistas han tenido la posición, han ocupado el lugar preciso para producir analizantes y de eso dan cuenta las viñetas que tan generosamente nos brindan.

No creo que sea excesivo decirlo así, aun cuando se ha discutido largamente sobre si el análisis de niños y no si con niños tiene alguna especificidad, pero siempre consideré que hay acto analítico en la infancia. En el Seminario “El acto analítico” Lacan cuestiona de entrada la famosa anamnesis, diciendo que solo está en el retorno de lo reprimido.

También es un eje de lo que pienso la frase de Freud: “el niño es el padre del hombre”, frase del poeta inglés Wordsworth, que abona la idea de Freud en  “Esquema de Psicoanálisis” donde podemos decir que el niño en posición de objeto, que las autoras suscriben, es el problema de la constitución misma del sujeto para el psicoanálisis,  con lo cual las diferencias con el análisis de adultos  se deshacen con la fuerza   del deseo del analista.

Me interesa destacar cómo las autoras se ubican, dicen:  Nos proponemos, en este espacio de enseñanza aclarar conceptos del análisis con niños “y sí, allí se leen en cada caso, en cada intervención los cuatro conceptos fundamentales inconsciente, repetición, transferencia y pulsión. Y es entre la enseñanza y el relato y la discusión que podrían ubicarse una primera y segunda escena: la otra escena.

La discusión con otros que se va construyendo en” El Niño presente y real” en los enunciados y la enunciación que se escucha en quien habla. Son muchas las voces que enriquecen este texto, sobre todo porque hay preguntas. El enseñante muestra allí que ha podido causar a la audiencia. Hasta aquí la estructura del libro.

Desde el primer capítulo puedo disfrutar de leer porque hay tyché, encuentro, cuando se preguntan por la situación de deseo del niño, cómo se trabaja con esa doble transferencia o doble grafo que puede escribirse en un análisis apuntando al inconsciente como transindividual, y como la posición subjetiva del  fantasma parental afecta al niños, cómo se juega el lazo entre los padres y  cómo el niño va “incorporando” identificaciones, marcas, de identificaciones contrapuestas tal como Freud trabaja en El Yo y el ello, cómo el niño transita de una identificación a otra y como en el trabajo del análisis esta contraposición se dialectiza. El problema – como bien destacan las autoras- podría ser lo inconmovible, su fijeza.

Me parecieron muy precisas las formas en que ellas ubican “las indicaciones” en casos donde se hace dificultosa la producción del acto analítico y esto h(a)ce a la presencia real de los padres en relación a la ley: la prohibición del incesto en acto.

En este primer capítulo son cruciales las “Dos notas sobre el niño” de J. lacan y escritos de Erik Porge. La identificación como única causalidad psíquica es el eje pero siempre en la articulación con las tres dimensiones Real, Simbólico e Imaginario.

El trabajo que van haciendo en torno de la Versagung promete, no es solo ruptura de promesa, promete en torno a la posibilidad de escuchar el deseo de un niño en análisis y también da apoyatura a todo el recorrido del Fort-da, donde se destaca la importancia del buen corte, articulando con los ritmos de la pulsión. de muerte, el carretel. Cito: Va a ser una sustitución de algo arrancado del propio cuerpo.

Recorriendo la lectura destaco ese capítulo tercero, el apartado sobre el a madre llamado La madre revela la revelación, nos brinda el caso de Patricia Mora de un niño   que no habla y la intervención del analista tan simple y tan precisa: “cómo va a hablar si no le hablan …” El Fort-da aparece y luego el juego con los dinosaurios prueba del trabajo, del deseo del analista dan cuenta de la constitución del sujeto en análisis. Privilegio de esta cura y sobre todo en análisis muy tempranos, sobre eso M. Klein y   D. Winnicott nos enseñaron.

Luego, saliendo de los análisis tempranos nos adentramos en la lógica del grafo del deseo, del esquema R, el goce materno ese que en el Seminario “El envés” hace que el niño esté hundido en las raíces profundas de ese goce.

La gran habilidad de las autoras es ese trenzado de los articuladores conceptuales, es un libro en movimiento, no hay lectura cronológica sino la lógica que cada una va siguiendo en cómo conduce cada cura.

Clelia Conde nos muestra como siempre su risueña capacidad de invención recreando el personaje del Sapo Lengua Larga, hace a las ficciones del espejo y se inventa respetando que el autor de la ficción es el niño. En el curso del tratamiento luego aparecen” los huevos”, que se multiplican, y nos recuerdan la fobia a las gallinas. Ante la pregunta del analista, ¿eso lo soñaste?, se diferencia lo que puede no haberse constituído aún del Yo/Je y del inconsciente, la respuesta del niño es: No, yo no siento sueños todavía.

La enseñanza de Masotta se lee y hace a la Escuela en todo el trabajo sobre Edipo, falo, castración. El recorrido por la metáfora se plasma en el ineludible Juanito donde la boca negra del caballo bien situada por las autoras da cuenta de la unidad topológica entre el objeto de la pulsión. y el objeto a como tripa causal. El objeto a que en- forma sostiene al imaginario de las ficciones del deseo. ¿El Ideal es el límite de los atolladeros, impasses en la infancia? ¿Cómo se lidia con el Ideal parental?

La angustia también se pertrecha en Juanito y se destaca la angustia estructural por la hiperpresencia materna y la falla en la metáfora. Y no falta el sueño de Anna que abona la estructura del inconsciente en la infancia en torno a la negación, tal como lo trabajó Anabel Salafia.

El dibujo escribe, el analista escucha y hace marca con sus intervenciones, opera sobre el goce pulsional siempre en el medio decir de la verdad.

Para finalizar me remito al hallazgo de las autoras al citar a Octave Mannoni donde a través del “ya no sé pero aún así” puso en esa aguda frase la renegación estructural en la constitución del sujeto pero permanece en ese niño presente y real en la incipiente construcción del fantasma en la infancia en el registro imaginario donde el “yo no sé pero aún así …” tiene siempre su lugar.

Dice Octave Mannoni: “Se sabe por el artículo de 1927 cómo la frustración interviene en la constitución del fetichismo pero esta última referencia no se queda en la perversión fetichista, consiste en realidad en un preludio a esa elucidación al mostrarnos que una creencia puede ser abandonada y conservada a la vez por el camino de un Yo escindido que podría ser lo que se juega en la infancia.

Para quienes portamos esta escisión que tal vez nos atraviesa, si sostenemos esta clínica, este libro aun en corps, en cuerpo, a los analistas nos convoca. Invito a su minuciosa lectura, presente y real.

MARTA NARDI:

Primero les voy a agradecer a Clelia y a Patricia la invitación, no solo de estar hoy acá con ustedes, sino de hacer el prólogo. Y, qué decir, después de dos excelentes presentaciones de analistas que encima tienen práctica con niños, cosa que yo no tengo. Con lo cual, cuando me invitaron, fue lo primero que dije: yo no tengo práctica en el análisis con niños, entonces me dijeron hacelo igual.

Y pensé que el trauma que nos aqueja es la entrada en el lenguaje y eso vehiculizado por lalangue que nos espera al nacer y los padres son los que transmiten y nos traumatizan inocentemente, y de ahí partimos. Y, con este arsenal fui a leer el libro y con mucha alegría me di cuenta de que hay un discurso del psicoanálisis en diferentes momentos o modalidades de la práctica.

Hay cosas que me resultaron particularmente interesantes, que están en el prólogo. Algunas las resalto, por ejemplo, la entrevista a los padres, que es una especificidad en la práctica con niños porque nosotros recibimos las consecuencias de las malas entrevistas de los padres. La cosa clásica que la madre es culpable y quiere acaparar el niño, y el padre es ausente – típico -, lo único que provocan es culpa, y un regodeo en la culpa, en latigazos de la culpa que no sirve para abrir el campo de la angustia que puede ubicar la relación de esos padres con ese niño en otra dimensión.

Y así como eso, hay varias cuestiones. Yo señalé varios párrafos del libro, pero después de estas excelentes y exhaustivas presentaciones, me concentré en algo que me pasó cuando pensaba qué les puedo decir, qué puedo comentar más. Y, resulta que me venía una y otra vez el comienzo del Fetichismo de la mercancía de Marx. En el comienzo, si ustedes lo recuerdan y si no lo recuerdan, les cuento muy brevemente: Marx habla de la materia y la transformación de la materia – en este caso en la madera – y como la madera se transforma en mesa y es una madera que desarrolla unos caprichos muy   extravagantes como que se pusiera a bailar por libre  voluntad (Marx escribía muy bien). O sea que da la idea que la mesa cobra vida. Y es lo que me pasó con este libro, que un poco lo planteaba Alicia y también Florencia. Es un libro vital, está vivo. Desde la tapa, donde tenemos un cuadro de Solana Marticorena – que invita a ser mirado por lo vívido y lo vital -, hasta que entramos en el libro.

Es muy interesante la relación entre las sesiones y el discurso ; está clara la intención de las autoras enseñantes, está claro el compromiso con la transmisión del psicoanálisis, el interés puesto ahí. Y cuando hay interés, que es la mínima expresión del deseo, eso se contagia y despierta el deseo en el que lee.

Es muy interesante el trabajo que se va haciendo en cada una de las reuniones, y todo el esfuerzo – creo que Florencia lo marcaba – de hacer el pasaje de lo oral a lo escrito; esto es realmente un trabajo muy intenso y muy cuidado, cuidadas las articulaciones y cuidado en las presentaciones de los análisis.

Quiero resaltar esto último, puesto que es muy difícil transmitir una sesión, siempre se  tiene la sensación que la transmisión no es cabal, que la dinámica de la sesión se pierde al describirla y más cuando se intenta transmitir a otro y conservar el anonimato del paciente. Y me parece que, efectivamente, es así: algo se pierde en tal pasaje de la sesión al escrito o al contarla, y aceptar que esa pérdida es inevitable es uno de los requisitos para poder transmitir algo de la práctica analítica.

Hablar como analizante es otro de los requisitos cabalmente cumplidos. Cada una de ellas habla según su estilo, y que hablen según su estilo y mantengan una coherencia, indica que las autoras están en una estrecha relación con un discurso.

Se escucha y se lee este hablar como analizante en la manera – no solo de las presentaciones clínicas – sino en la manera de trabajar con los conceptos, o mejor dicho, con los no conceptos. No se trata de definiciones, sino de argumentos trabajados, una y otra vez, de diferentes maneras y de diferentes ángulos. Y son necesariamente retomados una y otra vez, porque el concepto, cuando lo queremos agarrar con la mano, se nos escurre, y es necesario otra vuelta y otra vuelta, y en cada vuelta el goce que podría acumularse en el enseñante se va perdiendo. Y es así que se mantiene ese delicado equilibrio entre el goce fálico y el deseo. Quiero decir: no se llenan la boca con los conceptos, no es enseñanza universitaria, no es el discurso del profesor que habla de universales y en vacío.

Esta resistencia al goce tiene sus efectos en los intercambios fluidos con los asistentes al seminario, nos hacen llegar la dinámica de las reuniones con otro y nos invita a nosotros a dialogar con otros. Quiero decir que a mí me provocó el efecto de querer hablar con otros sobre el libro – que es lo que estoy haciendo – y del análisis con niños.

Bueno, yo espero que ustedes lo disfruten tanto como lo disfruté yo.