
«Es apasionante asistir al nacimiento de un concepto» nos dice el ensayista francés Claude Jaeglé en su prefacio al libro «Voz del eco» de Erik Porge. Aunque valga la aclaración de que antes de la publicación de este ya centenario ensayo, Freud ya había prestado oídos a La negación: en su libro del chiste, en ciertas técnicas de figuración de lo contrario y el empleo del contrasentido; en el caso Dora y su habitual respuesta: «No me acuerdo de eso», por citar solo algunos ejemplos.
La pluralidad de nociones y términos que este breve artículo nos presenta ya estaban dispersas en la obra freudiana desde su temprano «Proyecto de una psicología para neurólogos», en «Pulsiones y sus destinos» entre otros. Aunque tal vez no resulte excesivo considerar que también sean tributarios de la experiencia intelectual del joven Freud en sus estudios de filosofía aristotélica y psicología empírica con Franz Brentano.
El texto «La negación» comienza con una serie de ejemplos: «Usted pregunta quien es la persona del sueño. Mi madre no es». El rechazo es subsiguiente a la ocurrencia, es decir: lo reprimido accede a la conciencia a condición de ser negado. Lo que implica un movimiento doble: cancelación de la represión y su mantenimiento. Puede que de ello resulte una aceptación intelectual sin que la represión sea cancelada debido a la separación respecto del proceso afectivo.
La actividad judicativa cumple con la función de afirmar o negar contenidos de pensamiento y de inmediato, el texto hace referencia al juicio adverso (Verurteilung), sustituto de la represión que al no requerir de la misma implica una decisión conciente. Freud sostiene que, a partir del símbolo de la negación el pensar se liberaría de las restricciones de la represión. Si consideramos que nuestros pensamientos están hechos de palabras, tal liberación estaría en relación directa con la función de la palabra. La negación no es un término del inconsciente: el sujeto en tanto hablado no niega. La negación sería justamente, la barrera que el sujeto interpone respecto del ser hablado por el inconsciente. El inconsciente se hace discurso a partir de la negación.
Más avanzado el texto, Freud plantea dos tipos de juicios: El juicio de atribución que atribuye a una cosa propiedades; buena, mala, útil, dañina y se expresa en términos pulsionales orales: «esto lo como, esto lo escupo». El agente de este juicio es el yo placer, al cual Freud cualifica como purificado en la medida en que introyecta lo placentero tanto como proyecta lo displacentero. El corolario de las sucesivas proyecciones de lo displacentero será la constitución de un objeto ajeno y hostil.
El otro juicio, el de existencia cuyo agente será el yo de realidad definitivo recae sobre la existencia real de una cosa del mundo representada. Ya no se trata de si algo percibido, una cosa del mundo debe ser acogida en el yo, sino de si algo representado dentro del yo puede ser reencontrado en la percepción (realidad). Nuevamente la polaridad adentro-afuera. Lo representado, lo subjetivo es interior; lo real está presente también ahí afuera. Esto conlleva una renuncia al principio de placer. Ya no sólo es importante que la cosa del mundo (objeto de satisfacción) sea buena y sea así incorporada al yo, sino que se encuentre ahí en el mundo exterior si es que resulta necesaria. El objetivo de la prueba de realidad no será encontrar en la percepción real un objeto que corresponda a lo representado, sino volver a encontrarlo, convencerse de que aún está en la realidad. Y concluye que la condición para que se instaure el examen de realidad es necesario haber perdido objetos que en el pasado procuraron satisfacción.
En el seminario de «La ética», Lacan se pregunta de qué realidad se trata, considerando que la realidad freudiana se constituye como consecuencia de la dependencia respecto del otro vía el complejo del semejante. Retomando los desarrollos del «Proyecto», emparejará las representaciones palabra con las representaciones cosa, separándolas de Das Ding, extraña, extranjera, realidad muda, artificio topológico que supone un primer exterior (éxtimo) resultado de la proyección invertida de un interior a partir de la ausstossung (expulsión).
El tramo final del artículo articula la génesis del juicio a partir de las pulsiones primarias. La lógica se rige por un «Quiero introducir esto en mí o quiero excluir esto de mí», lo que instaura un mito primordial del adentro y el afuera. Lo que es objeto de la bejahung (afirmación primordial) queda adentro; lo que es objeto de la ausstossung (expulsión primordial) queda afuera.
Lacan invita a su primer seminario al filósofo hegeliano J. Hyppolite, quien en su lectura del artículo de Freud sostiene que la verneingung sería sucesora de la expulsión primordial: para negar algo, ese algo tuvo que haber sido afirmado en un tiempo anterior. Lacan a su vez sostiene en el seminario de «Las Psicosis» que en el inconsciente todo no está tan solo reprimido ya que, para que algo sea reprimido primero debe haber sido admitido en el aparato. Es en este mismo seminario donde Lacan retomará el caso del Hombre de los lobos para extraer de allí la noción de verwerfung, equiparándola a la ausstossung y ubicándola en su lugar como mecanismo específico de las psicosis: verwerfung del nombre del padre. Si lo que fue expulsado de lo simbólico retorna desde lo real (alucinación), allí donde en la neurosis lo reprimido oficia como un saber no sabido, en la psicosis hay un no saber nada, ni siquiera en el sentido de lo reprimido.
Si lo reprimido accede a la conciencia a condición de ser negado, la negación tiene por condición previa la puesta en función de la represión, mecanismo que al no operar en la psicosis se expresa a través del negativismo. La verwerfung que Lacan retoma de Freud indica que el sujeto no se las arregla con la negación.
A través de este ensayo Freud retoma el más extenso y detallado desarrollo que antaño propuso en el «Proyecto» en el que expone la constitución del aparato psíquico.
Breve, intrincado, de gran riqueza y densidad conceptual, entre otras múltiples lecturas, supone la conformación de la realidad del sujeto a partir de su dependencia del otro, el intento de establecer coordenadas míticas del primigenio baño de lenguaje del ser hablante.
Agustín Muñoz Cabrera
Bibliografía
- S. Freud, La negación, tomo XIX, Amorrortu editores.
- S. Freud, Proyecto de una psicología para neurólogos, tomo I, Amorrortu editores.
- S. Freud, Pulsiones y sus destinos, tomo XIV, Amorrortu editores.
- J. Hyppolite, Comentario hablado sobre la verneingung de Freud, Escritos II, siglo veintiuno editores.
- J. Lacan, Los escritos técnicos de Freud, editorial Paidós.
- J. Lacan, Las psicosis, editorial Paidós.
- J. Lacan, La ética del psicoanálisis, editorial Paidós.
- A. Salafia, El fracaso de la negación, editorial Fundación Ross.