Consejo de Escuela

Verónica Cohen
Norberto Ferreyra
Ursula Kirsch
Alicia Russ
Anabel Salafia

Documento del Consejo de Escuela 2016-2018

Cualquier colectivo que se cree, que se funde para real-izar una transmisión en y del psicoanálisis, tiene como antecedencia necesaria un acto analítico.

Así fue, hace ya casi 45 años, el caso de la Escuela Freudiana de la Argentina.

Ahora bien, ¿por qué los analistas se juntan, se agrupan?

Hay, en principio sin ser exhaustivos, dos razones:

Una, referida a la posición de resto en la cual queda afectado, cada analista, al final de un análisis. Elaboración de un duelo que, a veces, responde a aquel qué pasó de analizante a analista en ese singular final de cada análisis.

Pero hay otra razón: es necesario un h(a)cer con otros para elaborar, pensar, estar en este discurso del psicoanálisis, como en cualquiera.

Sin embargo, una gran diferencia con otros discursos  es que quién está en la posición del analista, en un análisis, está sólo en el momento de hacer el acto analítico que es irrepetible. Una razón común, pero es una diferencia, con otros discursos, que también existe.

Ahora bien, hay diferentes modos de hacer un colectivo. Aún creerse independiente es una forma de hacerlo.

Nos preguntamos, ¿independiente de qué? La sujeción al discurso que implica estar en el psicoanálisis impide que tengamos esa pretensión.

Dentro de esas diferentes maneras, modos de intentar colectivizar la experiencia del análisis; el fundar, el estar en una Escuela es una, ni la mejor, ni la peor. Simplemente una, tal como resuena.

Pensar la Escuela es concebir que hay necesidad de un marco en el que la experiencia pueda decirse. No retroceder ante el hecho de que esa experiencia, por decirse, arrojará un real. Advertir que esa necesidad se ve, muchas veces suprimida por la pulsión y el goce como Ideal.

Es importante distinguir lo real de la experiencia, en lo que atañe a cernir de que “materia para hacer sujeto”[1] –de qué está hecho el ser hablante– de lo que la época impone como real –es decir, qué le es hecho al ser hablante–. Cada época hace de Sexo y Muerte (invariantes para decir del real de la experiencia del análisis) un modo particular de enlace entre la promesa de la religión y la eliminación de los cuerpos en la política. La ciencia marca el rumbo de este particular enlace.

Cómo hacerla es recordar que h(a)cer no es sin el deseo ni sin el cuerpo, recordar que el lazo, el nuevo lazo social que el análisis inventa cada día no es sin cada uno.

Quien se descuenta, de ese cada uno, hace faltarle al psicoanálisis su experiencia.

Jacques Lacan, en su enseñanza, hizo de una Escuela un instrumento, más que un espacio, de transmisión.

Es condición necesaria que en ese colectivo que es la Escuela exista un lugar para la práctica del Cartel y del Pase en tanto procedimiento. De ese modo “se pone en práctica” una Escuela de orientación Lacaniana, al ponerse en práctica la Cosa freudiana[2].
Esto existe en nuestra Escuela.

Este es el lugar para ‘decir’, enfatizar, dos cuestiones fundamentales para el psicoanálisis.
La primera, más ‘actual es algo más que una resistencia al psicoanálisis, pues se trata del intento de aniquilar cualquier esbozo de la existencia de una acción que tenga en cuenta al otro como semejante. Ante esto es necesaria una acción que logre neutralizar esa encarnación en el odio al semejante del (inevitable por ser de estructura) Deseo de muerte. 

Un h(a)cer que dé lugar a sobrevivir y crear las condiciones de mantenimiento de nuestra especie. El amor no basta para paliar ese continuo malestar respecto de los otros como lo dice Freud en El malestar en la cultura.

El psicoanálisis, sin ser una religión, ya que muchas veces ésta conduce a lo peor como parece ser en estos días, crea las posibilidades no solo para ese h(a)cer  en la vía  de impedir la aniquilación de la subjetividad que corresponde a la existencia de un sujeto en tanto dividido. Es algo con lo cual nos enfrentamos, en tanto psicoanalistas,  en esta actualidad.

¡¡¡Hace falta!!! no un esfuerzo más, sino estar atentos, como analistas miembros de esta Escuela a las resistencias de siempre, y en especial, a esta forma actual, que va un poco más allá.

La banalización del discurso, su “pretendida” facilidad, el engañoso confort del deseo y cierta irresponsabilidad que surge como efecto sobre cada uno, son entre otras cuestiones, “el cómo” nos puede afectar en tanto personas sujetadas al discurso del psicoanálisis, analistas y analizantes.

Este Consejo desea, anhela que en nuestra Escuela siga siendo posible la transmisión del psicoanálisis con el interés de cada uno de los miembros puesto en ello.

Debemos contar con el deseo, también recordando con Freud que el deseo es un infierno y no asegura ningún confort.

Buenos Aires, noviembre 2018

Osvaldo Arribas, Verónica Cohen, Norberto Ferreyra, Ursula Kirsch, Noemí Sirota


[1] J. Lacan, Radiofonía.

[2] J. Lacan, La Cosa freudiana.