Palabras de apertura de las prácticas 2026 a cargo de:
Clelia Conde, Liliana Ganimi y Rita Martínez Antón
CLELIA CONDE
Una colega que no viene tan a menudo a la Escuela, pero siempre está atenta me preguntó: ¿Qué van a trabajar este año?
Es una pregunta frecuente en los comienzos de las prácticas.
A veces las palabras caen de una manera que al abrirse muestran su núcleo interior. Y la palabra “trabajar” me sonó inmensa, necesaria, potente.
Claro que trabajamos.
Damos clases, claro.
Discutimos temas, claro.
Hacemos esta escuela cobijados en el sueño de Lacan. Trabaja el Cartel. Trabaja el Pase. Trabaja el Directorio. Trabaja la Comisión de Garantía. Están atentos al trabajo los RFT.
Nuestro trabajo cuida que los dispositivos trabajen acorde a la especificidad de nuestro discurso.
Pero, ¿por qué me alcanzó el corazón la palabra trabajo?
Porque es algo que exige cuerpo y fuerza. No es abstracto.
Este año nuestro cuerpo y nuestro empuje está afectados, porque siempre contamos con esa increíble fuerza de la naturaleza que es – porque eso está y permanece, es presente- Norberto Ferreyra.
Inspirados, hemos aprendido a lo largo de estos años a trabajar por el psicoanálisis, que es más interesante que Ser analistas, por lo que el Ser protege del riesgo al que nos confronta siempre esta práctica.
Trabajamos para que la formación sea honesta, decente, creíble y tenga efectos más allá de reconocimientos y medallas.
El trabajo está amenazado, pasible de ser otra palabra obsoleta, insignificante. Pero acá, en nuestra historia y nuestro sitio tiene el valor de lo que da valor. Y nada nos podría quitar la alegría y el orgullo que tenemos cuando invitando, decimos:
“Vamos a trabajar el surgimiento del objeto a”.” Vamos a trabajar el seminario de la Angustia”. Vamos a trabajar con el trauma y el duelo, con tiempo.
Trabajar viene de la mano de un cansancio, Peter Handke -antes de volverse un señor de políticas dudosas – en su libro Ensayo sobre el Cansancio describe cansancios malignos, depresivos y otros positivos-
El positivo es el que proviene de la tarea hecha, el cansancio del trabajo en común en que el cuerpo de los otros es también sostén para el propio.
Las palabras de apertura son para invitar a trabajar, para invitar a soportar el cansancio con otros.
Podemos ofrecer ese trabajo en la medida misma en que nos lo ofrecemos.
Podemos ofrecer ese trabajo que se apoya en un trabajo ya hecho, en el acto de fundación y en la enseñanza de Anabel Salafia y Norberto Ferreyra.
Pero no todo está hecho.
Y para eso que sigue, somos necesarios.
Y si hacemos las cosas bien nunca todo estará hecho.
Y será posible seguir trabajando.
Bienvenidos otra vez al trabajo de escuela.
LILIANA GANIMI
Hoy la Escuela abrió sus puertas, es el comienzo de las actividades. Nos convoca a entrar, a descubrir cómo toma dimensión. Se extiende haciendo del espacio una sede donde alojar, anudar el interés; y un encuentro con otros.
Puede ser tomada en cualquiera de sus pliegues y despliegues, la medida tiene diseño singular. La hechura lleva lo signado por la inquietud y el entusiasmo, combinatoria que, siendo constante, su resultado es la inscripción de un trabajo a nombre propio.
Este año tiene una especial situación la Apertura de las Prácticas al realizarse por primera vez en esta sede. Este importante momento de la Escuela se lleva a cabo en la nueva morada. Aunque el caminar y el trazado es bien diferente al anterior, lleva al mismo porvenir, seguir la proyección de la cuenta a los casi 52 años.
“Tenemos casa” dijo Norberto Ferreyra en el primer encuentro que se hizo acá, y es tan así que la descripción es lo que sucede.
La palabra morada -proviene del verbo morar del latín, (mor/āri) que significa «detenerse», «permanecer», «retrasarse», “entretenerse”. Se refiere al lugar donde uno se detiene hacer estadía. La etimología dice que está más ligada a la acción de establecerse en un sitio, que al lugar físico en sí.
Implica el acto de detenerse para permanecer en un sitio. La raíz de este término conlleva el verbo recordar, como consta en la palabra memoria. En otra vía, la morada lleva el carácter de algo íntimo.
El verbo en cuestión en nuestro caso es PRACTICAR.
Se trata de establecerse, demorándose, y en esa detención ver cómo transmitir el discurso del psicoanálisis. Y entre tanta labor hecha queda una construcción que hace escuela, uno con otros.
Recordé otros decires de Norberto Ferreyra “El análisis da herramientas, aporta algo sin asegurar salvamentos, crea la posibilidad de que alguien encuentre un saber hacer en la vida, y eso ocurrirá según su deseo”.
Invito a que desde ahora y en la continuidad del transcurrir del año, encontrar nuevas moradas, donde este aquello que ciñe el deseo en cada uno.
RITA MARTÍNEZ ANTÓN
Agradezco y celebro la presencia de cada uno de nosotros hoy, en esta nueva Apertura de las Prácticas de nuestra Escuela Freudiana de la Argentina. Hoy no fue posible comenzar, como es habitual, con la clase de Anabel Salafia presentando el Seminario Para entrar al discurso del psicoanálisis, que está bajo su orientación por decisión de los miembros de la Escuela desde hace mucho tiempo, y que cada vez nos invita al trabajo del año. Quedamos a la expectativa de la próxima fecha, el viernes 24.
Agradezco a mis compañeros del Directorio, que encabeza la Directora, Patricia Mora, la invitación a decir estas palabras en esta Apertura del quincuagésimo segundo año de nuestra Escuela, de esta apuesta, otra vez, a que el psicoanálisis siga. Una Escuela Freudiana hace a la posibilidad de que haya transmisión del discurso de psicoanálisis, y supone que en otro lugar hubo un acto, el de un psicoanalista. Y una Escuela Freudiana es lacaniana porque cuenta con -y practica- los dispositivos del Cartel y del Pase, es decir, separa la jerarquía del grado, el orden institucional y la práctica de la Escuela y de sus dispositivos.
La cartilla que reúne las propuestas de trabajo de este año, como de cada año, es la cartilla de “La Práctica de la Escuela”, porque la Escuela la practicamos, como se practica el discurso del psicoanálisis. Es decir, el lazo social que es el psicoanálisis, ése que es singular porque en su práctica, en la sesión de análisis, es el único hasta ahora -como nos lo recordaba Norberto Ferreyra- que cuestiona los fundamentos de todo lazo social, en ese lazo como en otros.
Quienes decidimos participar en la Escuela, con distintos grados de compromiso, contamos con otros, y nos contamos como uno entre otros, en la apuesta a la formación necesaria para que el psicoanálisis siga. Una formación que es continua, porque la Escuela es el lugar en el que, con algunos otros, tenemos la posibilidad de que la experiencia del análisis sea puesta en discurso.
Contamos con algunos otros en la práctica de los dispositivos del Cartel y el Pase, y en cada una de las prácticas que están anunciadas en la cartilla: El Seminario de Escuela Para entrar al discurso del psicoanálisis, los Grupos de Formación, los Cursos (el de Verano, el Intensivo), los Seminarios, los Grupos de trabajo, de lectura y de lectura y trabajo y las actividades organizadas por las distintas Secretarías, incluyendo, claro, las Jornadas anuales -este año, las Jornadas Oscar Masotta.
Sostenemos para estas prácticas este hermoso lugar. Es necesario que la Escuela cuente con uno, porque es importante el encuentro con la presencia de los cuerpos. También sostenemos los medios que la tecnología nos provee para permitir la participación en forma remota, cuando esto se hace imprescindible. Sin embargo, alentamos desde el Directorio a aprovechar este lugar de reunión.
Para finalizar, quiero nombrar lo que en esta Apertura me resulta más importante decir. La apuesta al hacer escuela es, antes que nada, el reconocernos como deudores de un acto de fundación -en el caso de nuestra Escuela, el de Norberto Ferreyra y Anabel Salafia en respuesta a la invitación de Oscar Masotta, con algunos otros- y de la serie de todos quienes practican la Escuela Freudiana de la Argentina.
A esta práctica de Escuela los y nos invitamos.
Bienvenidos.