H(a)cer Memoria a 170 años del nacimiento de Sigmund Freud

Mes de mayo. Conmemoramos el inicio de una vida que dejó marca en el pensamiento.

Ciento setenta años parecen no designar tiempo cuando, en el malentendido de la lengua, se le atribuye actualidad a su obra.

Sin embargo, la historia da cuenta de un incansable transcurrir de días y noches, acontecimientos que fueron reinventando modos de vida, tecnologías que aportaron diferentes formas de lazo, subjetividades que muestran casi un abismo entre su tiempo y el nuestro.

Aún vigente, su palabra sigue siendo timón y ancla para quienes redoblamos sus textos en cada psicoanálisis.

El malestar en la cultura, con sus formas de época, sigue respondiendo a los límites con que la humanidad va trazando sus caminos y malogrando su porvenir. Los modos en que se manifiesta la sexualidad no contradicen las etapas de su desarrollo. Más bien interrogan, y buscamos en la letra freudiana las pistas para comprender sus destinos, según las particularidades de la configuración edípica.

Como entonces, los detractores de su palabra pululan y las neurosis prosperan. La patología de la vida cotidiana nos revela de qué estamos hechos y cada época nos ofrece, en los otros, rasgos para proclamar quiénes somos.

Por suerte, los sueños, los fallidos, los síntomas, son la prueba de ese entretejido que nos hace decir lo que decimos y hasta jugar con las palabras provocando sorpresa y risas. La pulsión hace lazo y a veces muestra lo indomable.

El paradigma freudiano es guía y camino.

Mayo. Tiempo para celebrar una vida, sostener una deuda, seguir haciendo Escuela.

María Cristina Babich